Trata de escribir un relato muy divertido. A continuación tienes un par de ejemplos de alumnos de otro centro.
Rubén de 2ºC
Un
día soleado, a 32ºC bajo los bloques de Madrid-capital, Josefina, una mujer
estable y segura de ella misma, venía de sacar dinero del cajero. Era una
mujer, no sé, sesentona o por allí. En Madrid, a esa hora, la gente circulaba
por la plaza del Sol preparándose. Tanto la gente que trabajaba como la que
circulaba, esperaba el momento de que la hora de trabajar se terminase para
pasar un buen verano. Josefina, al haber tanto tráfico, pasó por una callejuela
oscura y siniestra. Aurelio, el ladrón del barrio y el típico “chungo” en el
instituto, aunque eso fuera en el pasado, apuntó con una pistola a Josefina.
-¡Ah!,
Aurelio,¿qué haces?, vaya cambio, de salir en televisión en “La que se avecina”
a ser un ladrón a mano armada-dijo Josefina.
-Josefina,
esta vez no te saldrás con la tuya-dijo Aurelio.
-Tú,
ladronzuelo, baja el arma, que más poca vergüenza, aquí robando a una pobre
señora-dijo un policía, que por suerte, o no, vigilaba por la plaza del Sol.
-Mmm...
Agente, usted cree que... ¡Hombre!, amador, ¿cómo estas?¿Todo bien?-preguntó el
ladrón.
-¡Aureeeeelió!
Qué, como te va todo con esto del robo a mano armada- dijo Amador.
-Oh!-Josefina,
con la cara colorada de la vergüenza y del enfado que llevaba encima, fue a
comisaría a avisar a los agentes-. Agentes, ese sinvergüenza, ese..., ¡ayyyy! No
ha detenido al que me robó el bolso.
-¿Se
refiere a Aurelio?
-Si.
-Vamos
agente.
Al
día siguiente, el día del juicio, Aurelio y Amador, estaban arrepentidos de lo
miserables que podían llegar a ser.
-Aurelio,
en serio, ¿por qué te fuiste de la serie?
-Porque
me da mucho palo trabajar.
Dentro
de unos minutos, el juez Felipe de Borbón entró por la puerta y dijo:
-A
ver, los criminales que se... ¡Hombre!Aurelio y Amador, ¿qué os trae por aquí?
-Mmm...-pensaron
los dos.
-Bueno,
da igual, estáis libres por ser mis amigos.
-Me
cachis, tenía que ser este juez el que viniese.
Eduard 2ºC
Paca
Francisca de los Cármenes era una mujer simple y aburrida, de unos cincuenta
años, y a la cual nunca le había ocurrido nada especial, hasta el día en que le
pasó esto que os voy a contar ahora mismito.
Un día como
los demás en Villastuche, Paca salió a cobrar quinientos euros del banco
Anticrisis que se encontraba en el centro del pueblo. Iba paseando por el
Callejón Mojón, cuando, de repente, el famoso ladrón de Villastuche, Pepe el
Pistolas, apareció armado desde la esquina más cercana:
- ¡Deme su
bolso y no se mueva o le vuelo la cabeza! – exclamó él.
- ¡Por
favor, piedad! – suplicó Paca.
De repente,
el policía Paridas apareció por sorpresa detrás de Pepe el Pistolas:
- ¡Manos
arriba! – exclamó, apuntándole con el arma.
Pepe soltó
el bolso y se giró para contemplar quién era la persona que estaba detrás de
él, pero no era quien esperaba que fuese:
- ¡Paridas!
– gritó sorprendido el ladrón.
- ¡Pepe,
cuánto tiempo sin vernos! – dijo el policía.
- ¿Dónde te
habías metido?
- ¡Eso qué
más da, dame un abrazo anda!
Paca,
enfadada, fue a la comisaría de Villastuche a quejarse del comportamiento del
policía, ante aquella situación confusa. Le dijeron que al día siguiente se
celebraría el juicio por la negligencia realizada por el policía y el ladrón.
Al día
siguiente, a las ocho en punto, Paca, Pepe el Pistolas y el policía Paridas
quedaron en el juzgado Bárcenas de máxima justicia, para celebrar el juicio.
Pero justo cuando el juez Justiniano entró en la sala, se dio la peor situación
posible para Paca:
- ¡Pepe,
Paridas! – dijo Justiniano.
- ¡Justi! –
exclamaron a la vez los dos.
- No puede
ser – declaró Paca. FIN